La cocina marroquí es una de las más ricas y diversas del mundo. Una mezcla sutil de influencias bereberes, árabes, andaluzas y francesas, se distingue por sus especias aromáticas y técnicas de cocción ancestrales.
El tajín, plato emblemático, existe en versiones infinitas: cordero con ciruelas y limón en conserva, pollo con limón, verduras con aceitunas... Cada uno cuenta una historia del terruño.
El cuscús del viernes es mucho más que una comida — es un sagrado ritual familiar. Los granos de sémola se enrollan a mano, se cuecen al vapor y se cubren con un generoso caldo.
La pastilla, este hojaldre dulce-salado relleno de pichón o mariscos, es la cima de la gastronomía festiva marroquí.
En Riad Sable Chaud, nuestro chef reinterpreta estos clásicos con finura, usando productos frescos del mercado cada mañana.




